Este 2 y 3 de febrero se cumplen 37 años del derrocamiento de la dictadura de Alfredo Stroessner, un régimen que gobernó Paraguay durante 35 años (1954–1989) y que marcó de manera profunda la vida política, social e institucional del país. Para amplios sectores ciudadanos, la fecha representa el cierre de una de las etapas más extensas y represivas de autoritarismo en América Latina. Sin embargo, una vez más, el aniversario transcurre sin una conmemoración estatal de gran alcance.

La caída del régimen se produjo tras un golpe militar iniciado en la noche del 2 de febrero de 1989, encabezado por el general Andrés Rodríguez, consuegro del dictador. La operación contó con el respaldo de facciones de las Fuerzas Armadas conocidas como “Los Carlos” y “Los Víctor”. Tras el derrocamiento, Rodríguez convocó a elecciones anticipadas, se postuló como candidato y fue electo presidente en mayo de ese mismo año.

La mañana del 3 de febrero quedó grabada en la memoria colectiva: miles de personas salieron a las calles de Asunción para celebrar el fin de la dictadura, en un clima de alivio, emoción y esperanza democrática. Años después, ya en democracia, uno de los gestos simbólicos más contundentes fue el derribo de la estatua de Stroessner en el cerro Lambaré, durante la gestión municipal de Carlos Filizzola, como señal de ruptura con el pasado autoritario.

Más allá de los discursos que resaltan obras de infraestructura o una supuesta estabilidad institucional, los datos históricos muestran el alto costo humano del stronismo. Investigaciones y registros oficiales estiman más de 7,8 millones de hectáreas de tierras mal habidas; al menos 18.772 personas torturadas; más de 20.800 exiliadas; 126 desaparecidas en el marco del Plan Cóndor y 459 casos de desaparición forzada. Paraguay figuraba, además, entre los países más corruptos y rezagados de la región.

En los últimos años, el debate sobre la memoria volvió a tensionarse. El presidente Santiago Peña realizó declaraciones públicas que destacan aspectos del régimen, como sus obras y la estabilidad, con escasas referencias a la represión y a las restricciones democráticas. Días atrás, también respaldó a José Duarte Penayo, titular de la Aneaes, quien expresó una visión reivindicativa del periodo.

Frente a este escenario, la sociedad civil vuelve a ocupar el centro de la conmemoración. Este lunes, a las 11:00, está prevista una concentración frente al Palacio de Justicia, en coincidencia con el juicio a tres presuntos torturadores del stronismo, para exigir justicia y el fin de la impunidad. Por la tarde, a las 18:00, se realizará un acto en la Plaza de los Desaparecidos bajo la consigna “Desstronizate”, en homenaje a las víctimas y en recuerdo de episodios represivos como la Pascua Dolorosa.

Desde el Estado, la única actividad confirmada es la Serenata a la Democracia, organizada por la Orquesta Sinfónica Nacional, que se llevará a cabo a las 19:30 frente al Panteón de los Héroes, con acceso libre y gratuito.

A 37 años del final de la dictadura, la memoria sigue viva principalmente desde abajo: en las calles, en los actos ciudadanos y en la exigencia de verdad, justicia y no repetición.

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