En el quinto día del novenario en honor a la Virgen de Caacupé, monseñor Marcelo Benítez, obispo de la Diócesis de Caazapá, lanzó un enérgico llamado a cuidar la “casa común” y cuestionó con firmeza el modelo de producción del agronegocio, al que definió como un sistema que “mata la tierra, envenena el agua y el aire y deteriora gravemente el ecosistema”.

Durante su homilía, bajo el lema “Cuidar la casa común”, el obispo recordó que “toda la creación de Dios es hermosa” y destacó que Paraguay ha sido bendecido “con muchas cosas lindas y mucha naturaleza”. Subrayó que solo tenemos “un único planeta, el planeta Tierra” y que esta realidad exige un celoso cuidado del ambiente, comparándolo con el gusto de habitar una casa limpia y ordenada. En ese sentido, remarcó que el ser humano es el custodio de todo lo creado.

Sin embargo, cuestionó que ese rol no se está cumpliendo. “Cada uno de nosotros tenemos ese compromiso de cuidar la naturaleza con sentido de gratuidad y responsabilidad. ¿Cuántos estamos cumpliendo este cuidado amoroso y responsable de nuestra casa común?”, interpeló a los fieles.

“La Tierra está sufriendo dolores de parto”

Monseñor Benítez advirtió que la Tierra “está sufriendo dolores de parto” a causa de los actuales modelos de desarrollo económico “que privilegian solamente las meras ganancias financieras, a costa de la destrucción y depredación de los recursos naturales y de la miseria de los más pobres”.

Señaló que el costo real de los daños ambientales es “muchísimo más alto” que cualquier beneficio económico que se obtenga. “El valor supremo es la vida, no la acumulación de bienes materiales. Constatamos que no hay un uso responsable y sostenible de los recursos naturales”, sostuvo.

El obispo criticó que se busque convertir en mercancía los bienes de la naturaleza sin considerar los efectos destructivos en el presente y las consecuencias para las futuras generaciones. Por ello, planteó la urgencia de adoptar “un modo de vida sostenible” que haga posible un desarrollo humano integral, basado en el cuidado y enriquecimiento del medio ambiente.

Cuestionamiento al modelo del agronegocio

En una de las partes más fuertes de su mensaje, el obispo pidió no continuar con modelos en los que “pocos ganan mucho y otros no ganan nada o, peor, se empobrecen”. En ese marco, lanzó un llamado de atención directo al agronegocio como modelo productivo.

“El agronegocio emplea potentes agrotóxicos, poderosos contaminantes”, advirtió, y afirmó que este sistema “no es amigable con el medioambiente ni responde a la realidad de nuestra Nación”, ya que “beneficia mucho a unos pocos y lleva hambre y miseria a la gran mayoría”.

Crisis climática y responsabilidad del Estado

Monseñor Benítez recordó que el planeta ofreció durante milenios un clima estable que permitió el florecimiento de la humanidad y de la naturaleza, pero que esa armonía fue alterada por la acción humana. “El colapso climático es una grave amenaza para nuestra seguridad y para el mundo natural”, afirmó, mencionando sequías, tormentas e inundaciones más frecuentes y severas, así como la escasez de alimentos y agua que provoca hambre y conflictos.

En este contexto, indicó que es responsabilidad de las instituciones y del Gobierno proteger a la población. No obstante, lamentó que “en la mayoría de los casos se favorece a los grandes productores en perjuicio de los más pequeños”, mientras se exhiben indicadores de éxito macroeconómico.

“Se necesita nada menos que un cambio total de nuestras economías y sociedades. Debemos detener la deforestación y cambiar la forma en que consumimos alimentos y cultivamos la tierra”, enfatizó, señalando que la crisis climática está estrechamente ligada a los sistemas económicos y sociales vigentes.

Justicia ecológica y pueblos indígenas

El obispo insistió en la necesidad de cambiar los patrones de consumo cotidiano y promover la justicia social, recordando que “los ecosistemas sanos regulan el clima, limpian la contaminación, polinizan los cultivos y nos proveen agua limpia, medicinas y otros recursos vitales”. Advirtió que, desde 1970, las poblaciones silvestres del mundo han disminuido en dos tercios, lo que exige acciones inmediatas para conservar y restaurar los ecosistemas.

Asimismo, resaltó la importancia de proteger los derechos territoriales de los pueblos indígenas y comunidades locales, “tan maltratados también como la naturaleza”, a quienes reconoció un saber profundo sobre el uso prudente de los recursos naturales.

Finalmente, monseñor Benítez reclamó un cambio urgente en el sistema de producción, promoviendo prácticas agrícolas ecológicas y restaurativas que protejan la naturaleza y contribuyan a enfrentar el cambio climático. “Hay que cuidar el agua, buscar el modelo más adecuado a nuestra realidad y ecología y apostar por una verdadera justicia ecológica para construir un mundo más resiliente y equitativo”, concluyó.

Fuente: UH

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