Francisco Ariel Verón Ferreira tiene 29 años. Nació en Asunción, pero desde los 2 años creció en Villarrica, ciudad que —según afirma— marcó de forma profunda su identidad personal y académica.
Sus raíces están firmemente ancladas en el barrio Ybaroty de Villarrica, de donde es oriunda su familia paterna. Allí absorbió la cultura guaireña en todas sus formas: desde las clases de dibujo y pintura en el Museo Maestro Fermín López, los carnavales guaireños junto a su padre, las clases de guitarra con Juan Panchi Duarte, hasta los eventos organizados por los Franciscanos y Salesianos. Aunque también cultivó el arte, sus intereses se inclinaron pronto hacia las ciencias exactas. Participó en olimpiadas de matemática, física, química y astronomía, fue parte del programa Saber Va Contigo y se destacó como mejor alumno del Colegio Don Bosco, institución a la que asistió desde el nivel inicial.
“Aunque debía viajar constantemente a Asunción para acceder a oportunidades académicas, fue Villarrica la que me dio una formación verdaderamente íntegra”, recuerda.
Hace más de una década reside en los Estados Unidos. Su vínculo con ese país comenzó en 2013 y 2014, cuando participó del Canada/USA Mathcamp. Gracias a la recomendación de la directora de ese programa y al acceso a dos becas del Departamento de Estado de EE. UU. —ACCESS para el aprendizaje del inglés y Opportunity Funds para estudios universitarios— logró ser admitido en el Swarthmore College. Allí cursó dos carreras de grado: Ingeniería y Matemática, entre agosto de 2015 y mayo de 2019.

Tras graduarse, regresó a Paraguay por seis meses con la intención de insertarse laboralmente. Incluso rindió el examen de Itaipú en diciembre de 2019, pero no logró quedar en la terna. Ante la falta de oportunidades, decidió volver a Estados Unidos, donde comenzó a trabajar en Art of Problem Solving (AoPS) como asistente de cátedra online, institución dedicada a la formación de estudiantes para olimpiadas matemáticas, similar a OMAPA en Paraguay. También enseñó ciencia de datos a estudiantes de secundaria durante un verano en China.
Actualmente, Francisco se desempeña como Teaching Fellow en el Departamento de Matemática de Harvard College, dentro de la Faculty of Arts and Sciences de Harvard University. Allí enseña Cálculo Multivariable bajo la supervisión de la preceptora Eva Politou, formando parte de una de las universidades más prestigiosas del mundo.
Consultado sobre si animaría a jóvenes paraguayos a seguir un camino similar, responde sin dudar: sí, pero con matices.
“Cada persona tiene sus propios talentos y metas. No todos deben ir por la matemática; algunos encontrarán su vocación en la música, el arte u otras áreas. Lo importante es perseguir los sueños más allá de las fronteras, pero elegir el camino propio, no el que imponen los padres o la sociedad”.
En cuanto al ámbito académico, destaca un fuerte contraste con el modelo paraguayo. En Harvard, las clases se basan en el trabajo colaborativo: grupos pequeños, debates constantes, errores que se discuten en tiempo real y un rol docente más orientado a guiar que a exponer. A esto se suma una amplia red de apoyo académico con tutorías, clínicas matemáticas, horas de consulta y acompañamiento personalizado. “El estudiante está realmente acompañado en su proceso de aprendizaje”, subraya.

Como frase motivadora, Francisco comparte una que leyó recientemente durante la maratón de lectura de Moby Dick en New Bedford:
“No sé lo que pueda llegar a pasar, pero sea lo que sea, iré hacia ello riéndome”.
Para él, resume una actitud clave frente a la incertidumbre, válida tanto para el estudio como para la vida.
