La compañía Loma Pindo es la única que ha perdurado desde la fundación del municipio de Tebicuary, convirtiéndose en un símbolo de resiliencia, trabajo y arraigo comunitario. Su identidad está ligada al crecimiento del Ingenio Azucarero, motor económico de la zona, que atrajo a numerosas familias en busca de un futuro mejor. Con el tiempo, aquel asentamiento productivo se transformó en un espacio de vida y desarrollo, donde generaciones enteras construyeron sus hogares y echaron raíces.

La comunidad cristiana, un pilar espiritual

Desde los primeros años del ingenio, la espiritualidad formó parte esencial de la vida de los pobladores. Entre 1957 y 1958, misioneros cristianos llegaron a la zona entonces conocida como Kai, un punto de tránsito de la Azucarera Paraguaya (AZPA). Su propósito era claro: anunciar el Evangelio y fomentar grupos de voluntarios que trabajaran por el bienestar común.

Los religiosos fueron recibidos en la casa de la familia Alexander, gesto que fortaleció los lazos entre visitantes y vecinos. Como fruto de aquella misión, se construyó una pequeña ermita donde se entronizó la imagen de la Virgen del Perpetuo Socorro, espacio que se convirtió en lugar de oración y unión espiritual para toda la comunidad.

Una herencia que perdura

Hoy, varias décadas después, Loma Pindo mantiene vivo el legado de sus pioneros. La fe, el esfuerzo laboral y la vida comunitaria continúan siendo los pilares que sostienen a sus habitantes. No solo la caña de azúcar y el ingenio marcan su historia, sino también las memorias, valores y tradiciones que siguen transmitiéndose de generación en generación.

Loma Pindo es, así, un testimonio vivo de que el trabajo y la fe pueden entrelazarse para forjar una comunidad que no olvida sus raíces.

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